SÓLO ARGENTINA JUGÓ PARA GANAR

Ganó Argentina el compromiso más fácil y más deslucido de esta serie. Le alcanzó y le sobró después del primer gol con su genética, su técnica y su ambición, más que por su funcionamiento colectivo.
Lo deslucido del partido no fue su responsabilidad. Es probable que por momentos haya perdido la paciencia pero para que un partido de fútbol tenga un mínimo de respeto por el espectáculo se necesitan dos equipos que quieran jugar para ganar. Y a Grecia lo único que le importó fue no dejar jugar, quiso que se jugara lo menos posible y se encomendó a un milagro, el mismo que le permitió llegar por alguna chance de clasificarse a octavos de final. Ni siquiera desde el orgullo insinuó algún sueño. Se murió de nada. Hasta la agonía fue dolorosa porque después de los ingresos de Di María y Pastore y del gol de Demichelis Argentina lo pasó por encima, dejando más expuesta su postura inicial de resignación y su impotencia.
Grecia permitió por sus pobres antecedentes cualquier variante en el equipo argentino, ya sea para preservar jugadores, como darle fútbol a otros. Evaluar el rendimiento en alguno de ellos, en especial Aguero y Milito, no sería justo. Les tocó lo peor, el no-juego, y no pudieron disfrutar de los espacios que sí Argentina encontró en los últimos 15 minutos, cuando la patética agonía elegida por Grecia contribuyó a la solitaria aparición de Palermo para cerrar el marcador.
No es redundante subrayar nuevamente la virtud sobresaliente de Argentina. El hecho de apostar a la buena técnica, a la capacidad individual de cada futbolista, lo pone en una situación de fortalecimiento anímico que debe invitarlo al fortalecimiento de un funcionamiento de equipo que lo prepare para lo que viene. Después de México, podrían sucederse rivales de verdadera magnitud, como Alemania, España y Brasil.
Creo que en los cuartos de final comenzará realmente el camino al título. No hay razones para temer pero sí será importante aprovechar el tiempo para prepararse, sin perder de vista que el fútbol no tiene tantos secretos.
Tiene Argentina para lograr la eficacia grandes individualidades, necesita estimular el desarrollo de las pequeñas sociedades tanto en ataque como en defensa. El camino en la fase de grupos fue tan cómodo como valiente. Esa ambición de ir al ataque, esa permanente amenaza, esa sensación de peligro tan elocuente que hace presentir el gol, esa postura de jugar aún en los momentos más adversos, merece el reconocimiento.
Será México un equipo más fuerte que Nigeria, Corea del Sur y Grecia para Argentina, aunque parece estar muy lejos de poder ponerlo en dificultades. No está fuerte desde ninguna idea, no es claro en lo que pretende y si bien tiene buenos jugadores no advierto un riesgo que comprometa seriamente el avance del equipo argentino a la siguiente instancia.
Un pedido: por favor, no empecemos con que Messi no jugó bien. Cada pelota en sus pies se convierte en una amenaza constante y genera espacios y libertades a sus compañeros, algo reservado sólo para los grandes futbolistas.
Y un consejo final en este nuevo encuentro con los lectores de Yahoo!: no inviten a los jugadores griegos con su entrenador Otto Rehhagel a su casa. Si tienen jardín, ellos caminarán por encima de las flores.
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